El 24 de mayo de 1808 “La Gaceta de Madrid” publicó una convocatoria donde se llamaba a acudir a Bayona a 150 diputados de los tres estamentos (nobleza, clero y pueblo). En el caso de la provincia de Álava, se quiso designar a Miguel Ricardo como comisionado. Sin embargo, éste no pudo acceder a ello ya que iba como representante de la Marina, dado su hoja de servicios y su dominio del francés, el lenguaje de nobleza y de los negocios de la época. Como marino fue uno de los firmantes del texto.

En la apertura de las sesiones, se presentó a los diputados un proyecto de constitución, redactado previamente y revisado por el mismo Napoleón. Por tanto, el objetivo de la convocatoria simplemente era conseguir su aprobación para dotar al texto de una apariencia de legalidad y, de paso, jurar fideliadad al nuevo monarca, José I.

El resultado fue la llamada Constitución de Bayona, la primera carta otorgada de la historia contemporánea española. Pese a ser visto por muchos como un documento del invasor, también fue consultada por los diputados de Cádiz al ser el primer hito en el camino hacia la superación del Antiguo Régimen.