Con más de 7.000 habitantes, Vitoria poseía un importante valor militar por varias razones. En primer lugar, ocupaba una posición estratégica ya que en ella convergían las rutas hacia Madrid, Bilbao, Pamplona y Logroño. En segundo lugar, disponía de amplias infraestructuras como iglesias, conventos y palacios para su utilización como cuarteles, almacenes y hospitales. Por último, estaba próxima a una rica zona agrícola como la Llanada Alavesa.

Por aquel entonces, Miguel Ricardo se había licenciado con el grado de teniente de navío y se había trasladado a Vitoria para cuidar tanto de su hacienda, de la que era heredero, como de su salud en los baños de Cestona (Guipúzcoa). El 25 de enero de 1808, sin pretenderlo, fue nombrado diputado del común de Vitoria y, pocos días después, procurador general en las Juntas Generales. Defendió los intereses de su ciudad, tanto aquí como en Madrid, en un intento por aliviar la fuerte carga que representaba el mantenimiento de un acantonamiento regular de 7.000 hombres. A tal efecto, señala su biógrafo Gonzalo Serrats, se valió de su habilidad en la negociación y de su don de gentes para conseguir la concesión de ayudas económicas.