El siglo XVIII fue el siglo de la Ilustración, un movimiento cultural caracterizado por la revisión, a la luz de la razón, de la concepción del mundo y del hombre, en todos los aspectos (político, económico, social y cultural). En el País Vasco, la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País (RSBAP), fundada en 1764 en Bergara (Guipúzcoa), fue el eje en torno al cual se organizó la vida ilustrada vasca.

En este contexto europeo de inquietud intelectual, Miguel Ricardo de Álava, con nueve años recién cumplidos, ingresó en el Real Seminario Patriótico Bascongado de Bergara. Fue el alumno, señala su biógrafo Gonzalo Serrats, que más tiempo estuvo estudiando allí. Dicho centro, sostenido por la RSBAP para la educación de la aristocracia vasca, fue ejemplar en materia docente. Allí el joven Miguel Ricardo estudió humanidades (gramática, latín, filosofía, historia, etc.) y ciencias (matemáticas, física, química, etc.) así como dibujo y lengua francesa la cual, más tarde, se revelaría clave para su carrera militar y diplomática. Tampoco faltarían la música, la esgrima o el baile lo que venía a constituir, en definitiva, un programa de formación integral que buscaba la plenitud física, intelectual y moral de los alumnos. Estos eran educados en un estricto código basado en la dignidad personal, el amor al trabajo, el respeto a la ley y el amor a la patria, unos valores que nuestro protagonista mantuvo toda su vida.