En octubre de 1833, el Gobierno de María Cristina concedió una amnistía para delitos políticos con el objetivo de recabar apoyos para la causa liberal. Uno de ellos fue el de Miguel Ricardo quien, al poco de serle comunicada la amnistía, regresó a Vitoria.

Mientras Loreto se quedó en Vitoria, su esposo marchó a Madrid. Su llegada se produjo en un contexto de guerra civil donde el carlismo se había convertido en una seria amenaza para el Gobierno. En abril de 1834, fue nombrado vocal del Consejo Real y, en junio, Prócer del Reino, un título honorífico equivalente hoy al de senador.

En enero de 1835, la Reina Regente le nombró embajador extraordinario en Inglaterra. En Londres hizo muchas gestiones para lograr el apoyo británico al bando liberal y frenar la violencia que estaba adquiriendo la guerra. Ello se concretó en dos aspectos. Primero en la firma del Convenio de Elliot (abril de 1835) por el que ambos bandos acababan con las ejecuciones indiscriminadas y promovían el canje de prisioneros. Segundo, en el envío a la Península de la “British Legion” para luchar contra los carlistas. Asimismo, con el fin de mejorar las relaciones con Francia, fue nombrado embajador en octubre de 1835, cargo que ejerció con gran eficacia.

En julio de 1838 el nuevo gobierno moderado le nombró embajador en Londres. No obstante, a causa de su gran deterioro físico, en marzo de 1841 presentó su dimisión con la que ponía fin a una brillante carrera militar, política y diplomática.