Entre 1815 y 1819 Miguel Ricardo continuó ejerciendo el cargo de embajador en el Reino de los Países Bajos, si bien pasaría largas temporadas residiendo en París. En julio de 1819, por problemas de salud, renunció a su puesto y regresó a Vitoria.

En nuestra ciudad le sorprendió, en enero de 1820, el pronunciamiento de Rafael del Riego. Como liberal, fue requerido por el Gobierno para dirigir milicias con las que hacer frente a las fuerzas realistas pro-absolutistas. En diciembre, se le ofreció la embajada en París aunque, en esa ocasión, la rechazó por problemas de salud. En septiembre de 1821, fue nombrado Capitán General de Aragón. No permaneció mucho tiempo ya que, en marzo de 1822, fue elegido diputado a Cortes por Vitoria.

El 1 de mayo de 1822 fue nombrado presidente de las Cortes. Sin embargo, su experiencia fue breve porque el día 31 presentó su dimisión por el grado de radicalismo que se había apoderado del hemiciclo. En marzo de 1823, los “Cien mil hijos de San Luis” invadieron España para reponer a Fernando VII en el absolutismo. En septiembre Miguel Ricardo se encontraba en Cádiz, último bastión liberal. Allí, negoció con el Duque de Angulema la entrega del rey y la rendición de la ciudad, efectiva el 1 de octubre. Comenzaba así una nueva etapa en su vida: el exilio.