Con Napoleón camino de Santa Helena, Miguel Ricardo volvió a su puesto de embajador retomando una misión suspendida por culpa de la guerra de 1815. Concretamente se trató de la recuperación de un número importante de cuadros que habían sido robados durante la Guerra de Independencia y que, en aquellos momentos, estaban depositados en el Museo del Louvre.

Cansado de la resistencia del museo francés, Miguel Ricardo actuó por la fuerza. El 23 de septiembre de 1815, el capitán Nicolás de Miniussir y el pintor Francisco Lacoma, junto a una escolta armada, procedieron al reconocimiento de los cuadros sustraídos. Al día siguiente, se sacaron un total de 284 cuadros y 108 objetos artísticos.

Provisionalmente, las obras se depositaron en la embajada española. El 14 de diciembre llegaron a Bruselas trece cajones con las piezas del Louvre los cuales, bajo escolta británica, fueron trasladados a Amberes desde donde partieron a España. Por desgracia, no pudieron recuperarse otras miles de obras que, hoy en día, constituyen grandes pinacotecas privadas en Francia.

Respecto al caso inglés, un número importante de cuadros, procedentes del convoy capturado en Vitoria, quedó bajo la protección de Wellington. Según Gonzalo Serrats, contrariamente a lo que se piensa, Wellington los quiso devolver si bien Fernando VII decidió al final regalárselos.