El regreso del emperador en 1815 fue bien recibido por una parte importante de la sociedad francesa, contraria al regreso de los Borbones al poder. En marzo, Napoleón entró en París mientras comenzaba a levantar un nuevo ejército. El resto de grandes potencias europeas no tardaron en formar una nueva coalición militar.

Wellington señaló su deseo de que Miguel Ricardo se incorporase en calidad de comisionado español ante la corte francesa y, sobre todo, que permaneciese a su lado como Quarter Master General. Curiosamente, era el mismo deseo de Madrid. En consecuencia, el militar vitoriano se convirtió en la mano derecha del primer comandante del ejército británico.

Durante aquellas frenéticas semanas, Miguel Ricardo fue fundamental para Wellington. Era habitual que, además de mesa, los dos compartiesen conocimientos tácticos y deliberasen en torno a mapas y que Miguel Ricardo pasara largas horas revisando informes, hojas de servicio y mensajes. Ambos estuvieron juntos en las victorias sobre el ejército imperial: Quatre-Bras (16 de junio) y Waterloo (18 de junio). Incluso Miguel Ricardo le ayudaría más tarde a ordenar toda la documentación y preparar los habituales informes posteriores a la batalla.