Junto a las tropas imperiales en retirada desde Madrid, una impresionante caravana, formada por miles de carruajes y animales de tiro, alcanzó Vitoria. En consecuencia, la ciudad quedó completamente desbordada por la enorme cantidad de vehículos, caballerías y personal que viajaba en ellos.

El 21 de junio aún quedaba en nuestra ciudad una gran parte de este convoy. En él se transportaba multitud de objetos y bienes como, por ejemplo, equipajes militares, artillería, documentos oficiales, dinero del Ejército, joyas, libros, ropa, muebles y obras de arte procedentes del expolio de iglesias y Reales Colecciones.

Con la caída de Durana se cortó la ruta de escape hacia Francia por el Camino Real. No hubo más remedio que tomar el camino de Pamplona, el cual era inadecuado para los carruajes. No tardaron en producirse los primeros vuelcos con el consiguiente atasco y pánico generales. La llegada del ejército aliado desembocó en un saqueo y pillaje colectivo que, sin embargo, salvó al ejército imperial del desastre al paralizarse la persecución que sufría.