En 1810, tras el fracaso imperial en Portugal ante la formidable línea defensiva de Torres Vedras (cerca de Lisboa) y una estrategia de tierra quemada, la guerra entró en una fase de estabilidad. Sin embargo, a partir de 1812, la victoria empezó a inclinarse hacia el bando aliado compuesto por españoles, portugueses y británicos.

También fue el momento en el que Miguel Ricardo exhibió sus dotes militares. Por coordinar bien a las tropas aliadas en la conquista de Ciudad Rodrigo, fue ascendido al grado de mariscal de campo en enero de 1812. Asimismo estuvo presente en la toma de Badajoz en abril y se distinguió en otra gran victoria de Wellington, Arapiles (22 de julio de 1812). Finalmente, a la llegada del ejército aliado a Burgos el 18 de septiembre, Miguel Ricardo entró en la ciudad con una unidad de caballería y puso orden entre las tropas guerrilleras que ya se habían lanzado al saqueo de la localidad.

No fue una campaña exenta de riesgos. Aunque contaba con protección por ser miembro del cuartel general, en octubre de 1812 fue herido grave en Dueñas. Como resultado, tuvo que guardar cama varios meses. Su amigo Wellington estuvo muy pendiente de él llegando a escribirle más de veinte cartas personales. Miguel Ricardo le devolvería aquel gesto estando a su lado una mañana del 21 de junio de 1813.