Las noticias del repliegue imperial hacia el norte llevaron a Napoleón a asumir, personalmente, la campaña peninsular. El 5 de noviembre alcanzó Vitoria. Para su alojamiento, el emperador eligió Etxezarra, una casa extramuros de la ciudad. Allí, durante cuatro días, se discutió el plan de campaña para volver a colocar a José I en el trono. El éxito fue completo y, a mediados de diciembre de 1808, ya estaba en Madrid.

Mientras tanto, el teniente coronel Miguel Ricardo había partido en septiembre de 1808 hacia el sur de Navarra. Su primera acción fue la Batalla de Tudela, el 23 de noviembre. En medio del desastre español, cubrió el repliegue hacia Calatayud. De allí pasó a la región de Cuenca siendo testigo, el 13 de enero de 1809, de la derrota española en Uclés. Un mes después había alcanzado el grado de coronel y se encontraba destinado en Extremadura donde asistió a la enésima derrota española: la Batalla de Medellín, el 28 de marzo de 1809. Allí, en un gesto de gran valor, rescató a un artillero herido en combate cuando huía con todo el estado mayor al galope. Por último, el 28 de julio, participó en la Batalla de Talavera de la Reina, un combate de resultado incierto en el que se distinguió un comandante británico, de apellido Wellesley, al que el propio Miguel Ricardo había conocido un tiempo antes.