La llegada de Miguel Ricardo a Madrid, el 23 de agosto, coincidió con la entrada de tropas españolas en la ciudad. Varias semanas antes en Bailén (19 de julio), un ejército imperial había sido derrotado, por primera vez en campo abierto, por un ejército enemigo, a la sazón comandado por el general Francisco Javier Castaños (1758-1852). El 30 de julio, José I decidió evacuar la capital española y, al frente de un ejército entregado al pillaje por las localidades de paso, buscó la seguridad al norte del Ebro.

El 22 de septiembre de 1808 el “rey intruso” llegó a Vitoria alojándose en el Palacio de Montehermoso, edificio que adquiriría en octubre por más de dos millones de reales. Durante casi dos meses, nuestra ciudad pasó a ser la capital de la corte josefina con los consiguientes problemas en abastecimientos y alojamientos por el ingente número de tropas que, en retirada, arribaban a la capital alavesa.

Mientras tanto, en un Madrid exultante tras la liberación, Miguel Ricardo se entrevistó con Castaños. Desde el primer momento hubo una buena sintonía ya que, poco después, el militar madrileño confió al vitoriano un mando militar. Con el grado de teniente coronel, nuestro protagonista se incorporó al Regimiento de Órdenes Militares comenzando así un largo de camino de victorias y derrotas.