A lo largo de su vida, Miguel Ricardo de Álava acumuló todo tipo de cargos y distinciones. Fue el único oficial que estuvo presente en las dos batallas más importantes de las guerras napoleónicas: Trafalgar y Waterloo. Su carácter afable y conciliador, su inteligencia y su educación le granjearon la amistad real de algunas de las personalidades más importantes de su época como Wellington, Talleyrand, Guillermo II de los Países Bajos y los últimos reyes de Francia y el trato con monarcas como Luis XVIII de Francia, Jorge IV de Inglaterra o Alejandro I de Rusia.

La larga lista de condecoraciones es otra prueba de su relavancia política y militar. Por ejemplo, la distinción de Caballero Comendador extraordinario de la Orden del Baño, concedida por la Corona británica; la Gran Cruz de Comendador de la Orden de Willems, otorgada por la Corona neerlandesa; o la Gran Cruz de la Real Orden de Carlos III, concedida por la Corona española.

Su nombre y figura está presente en varios puntos de Vitoria. Aparece a caballo en el monumento a la Batalla de Vitoria; guarda, junto a Prudencio María de Verástegui, la entrada al Palacio de la Diputación; el Museo de Armería conserva algunos de sus objetos personales; y posee una calle dedicada a su memoria, al igual que su esposa.

Sin embargo, para múchos es una figura desconocida. Sirva esta página web para dar a conocer la relevancia histórica de este vitoriano, un auténtico hombre de Europa