Junto a los miñones, otros cuerpos han trabajado al servicio de la Diputación realizando funciones auxiliares relacionadas, principalmente, con el cuidado de las vías de comunicación y montes pudiendo, en caso oportuno, imponer multas.

Sin duda, el más destacado fue el Cuerpo de Camineros. Se constituyó a finales del siglo XVIII y su principal cometido fue el mantenimiento de los caminos y las carreteras provinciales. No obstante, junto con los miñones, también ejerció funciones de conservación del orden público, de control de pasaportes, de envío de comunicaciones y de colaboración en operaciones contra los carlistas. Su Reglamento de 1841 estableció la integración en el Cuerpo de Miñones por lo cual los camineros tenían la condición de policías forales.

Otro cuerpo fue el de Guardas de Montes. También se constituyó hacia finales del siglo XVIII y colaboró, en diversas ocasiones, con los miñones. A lo largo de su historia, sufrió varias disoluciones, reinstauraciones y cambios de nombre. Según sus reglamentos, los guardas estaban encargados de vigilar los montes, caminos y ríos, evitar la tala clandestina de leña, prevenir los incendios forestales y controlar la mendicidad en las áreas rurales.

Ambos cuerpos perdieron su autonomía en 1930 tras fusionarse, con los miñones, en un único Cuerpo el cual desempeñaría, eficazmente, todas estas funciones ya señaladas.

Por último, señalar las figuras de Trompeteros y Txistularis –miembros del Cuerpo hasta 1980- y Maceros cuyas funciones están más vinculadas a actos protocolarios y festivos. Su presencia solemniza los actos oficiales y festivos con música, en el caso de los dos primeros, y con su maza de plata y vestimenta, en el caso de los  últimos.

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