Entre 1833 y 1839, Álava fue uno de los escenarios del conflicto armado entre carlistas y cristinos por el trono de España. Durante aquella guerra, el Cuerpo de Celadores fue empleado en diversos servicios de guía y comunicación para las columnas militares cristinas y participó en algunas acciones armadas contra partidas carlistas. Asimismo, se encargó de la vigilancia de las áreas rurales con el fin de impedir que los carlistas se aprovisionasen y se financiasen a costa de los pueblos. Otras funciones menos militares fueron la custodia de edificios, la colaboración con el Cuerpo de Serenos de Vitoria, el cobro de peajes y portazgos y diversas labores administrativas.

El Convenio de Vergara, firmado el 31 de agosto de 1839, puso fin al conflicto armado. Sin embargo, se abría un panorama incierto sobre la compatibilidad del sistema constitucional con el régimen foral. Por extensión, la independencia de los cuerpos policiales forales estaba en peligro al existir la posibilidad de que el mantenimiento del orden público recayese en cuerpos armados no dependientes de las diputaciones vascas.