La ocupación militar francesa (1807-1813) agravó el problema del orden público a causa de los movimientos de guerrillas, malhechores y tropas por toda Álava. Las duras condiciones de vida provocaron un repunte de los delitos como, por ejemplo, el contrabando y los robos. Básicamente, la labor de los cuadrilleros, reinstaurados en 1797, incluía la lucha contra el crimen, la custodia de edificios y la prestación de varios servicios administrativos. En 1810, en virtud de un decreto del Gobernador de Vizcaya, se suprimieron las diputaciones vascas y, por extensión, los cuadrilleros cuyo número había ido disminuyendo progresivamente a lo largo de los años anteriores.

Entre 1814 y 1833 la inestabilidad sociopolítica vino marcada por la lucha entre absolutistas y liberales. La  inseguridad en el medio rural era una realidad a la que los miñones, denominados así tras su reinstauración en 1814, apenas podían hacer frente. Además, sus funciones habían aumentado al hacerse cargo del cobro de las contribuciones atrasadas de las Hermandades. Los constantes apuros económicos provinciales llevaron a reducir, en diversas ocasiones, el número de efectivos. Durante el Trienio Liberal (1820-1823) se produjo la instauración de la Milicia Nacional. Este cuerpo armado liberal desempeñó las mismas funciones que los miñones, además de encargarse de la erradicación de las partidas realistas que había en la provincia. Tras una nueva disolución en 1822, el Cuerpo de Miñones fue reinstaurado aquel mismo año con el nombre de “Miñones Cazadores”. Durante la Década Ominosa (1823-1833), el Cuerpo de Celadores Alaveses, nueva denominación desde 1823, añadió, a sus tradicionales funciones, una labor de represión contra los liberales.