Durante la Baja Edad Media, en un contexto de grave conflictividad sociopolítica, se produjo el surgimiento de las hermandades. La fuerte presión señorial, el problema del bandolerismo o la existencia de unos intereses económicos comunes llevaron a diversas villas y pueblos a unir sus esfuerzos y a dictar las llamadas “Ordenanzas” que regulaban el funcionamiento de la hermandad.

Ya desde el siglo XIII, varias villas alavesas habían participado en hermandades del Reino de Castilla. En 1457 nació la Hermandad de Álava la cual presentó, al año siguiente, unas Ordenanzas. En 1463 se produjo una revisión y reforma de dichas Ordenanzas dando lugar al llamado “Cuaderno de Leyes y Ordenanzas con que se gobierna la M.N. y M.L. Provincia de Álava”. A lo largo de más de 400 años, ese capitulado constituyó el núcleo fundamental de leyes de nuestra provincia.

Durante aquellos años se pusieron en marcha dos instituciones que hoy perviven. En primer lugar, las Juntas Generales donde se reunían los procuradores o representantes de las 53 hermandades locales unidas a la Hermandad de Álava. En segundo lugar, la Diputación que era un órgano de gobierno encargado de la gestión de los asuntos alaveses durante la época en la que no se reunían las Juntas Generales. Con el paso del tiempo, se abrió un proceso por el cual, merced a sucesivas concesiones de la Monarquía, la Hermandad de Álava amplió poco a poco sus competencias en los ámbitos legislativo, administrativo, fiscal y militar. La disolución de la Junta General en 1877 puso punto final a cuatro siglos de historia.